Son las dos palabras que se me ocurren, con una resaca (no de alcohol, sino de alegría) de una noche para mi, sin precedentes en esta etapa de mi vida, y puedo decir: cumplí un sueño: Fui al recital de Rod Stewart, vibré, salté y quedé tan ronca como él, haciéndole de segunda voz junto con un estadio lleno de chicas y chicos del 60 y pico, también estaban los mas jóvenes, pero, “El” Rod es nuestro.
Toda una experiencia, ya que abandoné los tours de conciertos hace años. Mi hermana se encargó de comprar las entradas, como todo recital, el costo de las mismas es bastante abultado, entonces nos disfrazamos de pendex y compramos dos “campos”.
Llegamos cuatro horas antes para poder estar lo mas adelante posible, hacía frío, estaba nublado, parecía otoño avanzado y no una tarde de octubre, pero estábamos contentas y abrigadas, pudimos elegir el lugar, la valla ya estaba completa, ocupada por los mas tempraneros que sentados demarcaba el lugar como propio, nos ubicamos detrás de una pareja de adolescentes, sabíamos que sería difícil mantener el lugar llegada la hora cero, pero estábamos dispuestas a defender nuestro sitio con uñas, dientes y caderazos. Al cabo de una hora comienza hacerse fluido el ingreso a “campo”, detrás mio se ubican dos señoras elegantes, vestidas como para ir a un te canasta; era cómico ver, mientras charlaban, como iban ganando espacio hacia la valla, faltaba poco para el inicio y ya tenía a una pegada a mi hombro y pisándole la zapatilla a una chica delante de ellas.
Los que se habían gastado entre seis y diez violetas, eran acomodados prolijamente en las sillas, delante nuestro, mas de uno, aburridos de estar sentado (yo llevaba dos horas y media parada), sacaban fotos hacia el tumulto del campo, en ese momento me sentí como en la tercera clase del Titanic. Pero nada borraría mi alegría, ni siquiera esa mirada sobradora de los V.I.P.
Se hablaba de una banda soporte, pero como mi sueño era ver “al Rod”, no averigüe quien sería. A las 20 horas se apagan las luces y los guardianes de las vallas (esos que habían estado cuidándola celosamente) se ponen de pie, entre ellos la parejita de adolescentes delante nuestro, el novio resultó ser un pichón de mamut, con poco mas de un metro noventa, la put.. que los par...., pensé: hermano avisa que sos inspector de nubes, dejate de joder!!!, lo abuchearon bastante ya que tenia espalda para robarle la visión a muchos, pero ya nos acomodaríamos, si es que las señoras paquetas dejaban de empujar un rato.
Para mi grata sorpresa, la banda soporte resulto ser Miguel Mateos, a quien debo reconocer deje de seguir hace años, por una cuestión de que forma parte de mi tesoro adolescente. Levantó a todo el estadio con “Perdiendo el control” cuyo estribillo se debe haber escuchado hasta la Quiaca y “Va por vos”, gritando y saltando como en mi adolescencia, fueron 45 minutos de un Miguel Mateos fantástico.
Exactamente a las 21 horas, empezamos todos hacer barullo, seguramente muchos pensamos que la estrella de la noche se haría rogar, pero no nos defraudó y tan esplendido como siempre apareció con un deslumbrante saco amarillo brillante, apenas pasadas las 21. Mis chancletas se habrían sorprendido de ver a su madre gritar y zapatear como loca, delante de ese fiel compañero de mis mañanas musicales.
Cantó muchos temas “moviditos” de los viejos, los clásicos, los melosos, pero me quede con ganas de alguna balada y si hubiera podido pedir hubiese sido: "Moon River". Completo, variado, nos hizo bailar lindo, emocionarnos, y saltar como sapos cuando en el bis cantó: “Crees que soy sexy”. Si, con 6o y pico aun se ve muy sexy!.